Publicado en Cuentos

El Tiranosaurio Benito cumple su sueño

Era un nublado día de agosto. El Tiranosaurio Benito se había despertado de buen humor. Nunca le había molestado ser un dinosaurio en pleno siglo XXI, pero ese día en particular estaba realmente orgulloso de serlo. «No cualquiera se siente feliz de ser uno mismo en estos días», pensaba mientras se lavaba los dientes. «Y menos siendo un superviviente del Cretácico».

Al terminar de asearse, permaneció un rato mirándose en el espejo. Había sido difícil llegar hasta donde estaba ahora y le pareció interesante recordar resumidamente el camino que había transitado. La nostalgia se hizo lugar en su cabeza y las primeras memorias comenzaron a verse nítidas en el espejo.

Cuando era apenas un niño tiranosaurio, no tenía conciencia acerca de las dificultades que tendría en la vida. Se dedicaba principalmente a jugar con sus compañeros, comer sano y estudiar mucho, como todo niño debería hacer (y también los adultos). Sin embargo, a medida que crecía, notaba que los tiempos con los que se manejaba la sociedad no eran en lo absoluto parecidos a los que esperaba un espécimen propio de la era Mesozoica.

Nunca terminó de entender muy bien a las personas que lo rodeaban. Esto no le impidió, sin embargo, perseguir sus sueños. Antes de terminar la escuela, ya sabía muy bien qué quería ser cuando fuera grande. Así que apenas concluyó el secundario, entró en la universidad.

Al principio, tuvo miedo. No se sentía preparado para ese entorno. Allí nada era como lo que había conocido hasta entonces. La gran cantidad de gente y la diversidad que esto significaba lo abrumaba. Hasta ese momento, nunca se había encontrado con tantas personas que pensaran diferente a él. Esto le daba miedo.

De todas formas, el Tiranosaurio Benito fue valiente y enfrentó sus temores. Hizo oídos sordos a aquellas palabras que no le gustaba oír y siguió estudiando. Con gran perseverancia, finalmente obtuvo el título que tanto ansiaba. Al recibir el diploma de graduado, unas lágrimas de orgullo brotaron de sus ojos.

Después de años de duro trabajo, finalmente había llegado a ser quien era ahora. Mirándose en el espejo, el orgullo volvió a llenarle el pecho, pero esta vez ninguna lágrima cayó. Hoy no podía mostrarse sensible. Tenía un largo e importante día frente a él, y necesitaba mantener la cabeza fría. Aún así, una sonrisa se dibujaba tímidamente en su cara.

Estaba feliz porque siempre había soñado con ser alguien importante y hoy ese sueño se haría realidad. Sabía que todo el país estaría viéndolo por la tele, los celulares, las computadoras. Esos extraños aparatos a los que todavía no terminaba de acostumbrarse pues nunca le había llamado la atención actualizarse en el tema. En realidad, no le gustaba actualizarse en nada: sus tiempos cretácicos eran muy diferentes a los vertiginosos segundos posmodernos y nunca creyó necesario adaptarse a una sociedad que constantemente pretendía dejarlo detrás.

Ya limpio y habiendo desayunado un buen pedazo de carne, subió al auto y se fue a su lugar de trabajo. Fue una jornada laboral larga y tediosa. Todos allí estaban de mal humor y pelearon durante todo el día. El Tiranosaurio Benito sabía que sería así, pero estaba convencido que valía la pena ser paciente. En cualquier momento sería su turno de entrar en acción y en ese instante todo el mundo lo vería y se vería también lo mucho que significaba todo el trabajo duro realizado hasta ahora. El sueño estaba muy cerca de cumplirse.

Después de largas horas de espera, finalmente las cámaras se orientaron hacia él. Esta era la oportunidad que tenía para mostrar todo lo que había aprendido durante los últimos años. Con una mirada tranquila, consciente y orgulloso de lo que estaba a punto de hacer, tomó el micrófono que estaba delante de él y comenzó a hablar. No fue largo su discurso, pero fue claro y preciso. Afortunadamente muchos compañeros de trabajo pensaban igual que él.

Después del dinosaurio, otros y otras hablaron. Las discusiones continuaron hasta altas horas de la madrugada. El Tiranosaurio Benito estaba cansado, pero también feliz porque había cumplido su sueño. Desde que entró a la universidad, siempre había querido ser un senador importante y ahora finalmente lo había logrado. Todos en el país habían oído su discurso y la mayoría del recinto había coincidido con él, así que no solo se había vuelto famoso, sino que su voto en el Congreso había contribuido a terminar con una larga discusión que dividía al país desde hacía tiempo.

La vida del Tiranosaurio Benito nos deja una importante enseñanza: no importa los problemas que tengamos por delante, con esfuerzo y dedicación siempre podemos llegar a cumplir nuestros sueños. Aun si uno es un dinosaurio que no entiende nada de la sociedad en la que vive.

 


Este es el último de una serie de doce cuentos que publiqué durante los últimos días viernes. Podés leer el resto de los relatos haciendo clic acá.

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Autor:

Escritor novel. Defensor de la ciencia y el pensamiento crítico. Amante del arte en todas sus formas. Fotógrafo aficionado y pésimo ukelelista. A veces hablo en serio.

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